EL ABRAZO DEL OSO
1. Quiénes somos.
La historia de los fundadores:
José Ignacio Romá, Joan Alexis Ribes, Luís Arcos, Ana Solanes, Almudena García, Isabel Vázquez, Alicia Adán, Anahí Lasso y Vanessa Aguilar.
Joan perdió a su padre el día 24 de octubre de 1989, cuando apenas tenía 11 años. Esta experiencia le marcó profundamente, siendo el inicio de una profunda etapa de duelo y una posterior búsqueda existencialista sobre el sentido de la Vida y la Vida existente después de la Vida.
En el año 2001 conocería a Vanessa, quien poseía una innata sensibilidad para percibir una porción del mundo invisible.
Por su parte, Vanessa tuvo una experiencia ECM (Experiencia Cercana a la Muerte) en el año 1985, a la temprana edad de cinco años. Esta experiencia despertaría en ella una sensibilidad extra-sensorial, que se acrecentaría a partir del año 2006. En este año, y, con el apoyo incondicional de Joan, vivenció un doloroso y a la vez gratificante Despertar Espiritual (Emergencia Espiritual, en el caso de personas que arrastran traumas y conflictos de suma gravedad) acompañándose éste de la fase de duelo interno que comúnmente ha sido denominado como La Oscura Noche del Alma, y que ella misma describe en su recientemente finalizada obra literaria El Abrazo del Oso de la siguiente forma:
"La Oscura Noche del Alma es el proceso que transforma la personalidad que hemos adquirido -en función de cuáles hayan sido nuestras experiencias y creencias mundanas-, en otra de carácter real, espiritual, auténtica; basada en la Consciencia que deviene de Dios en el interior de nosotros mismos. No podemos experimentar el Amor o Dios de forma sana mientras nuestra alma esté sujeta a versiones contaminadas de nosotros mismos: el alma debe liberarse de las impurezas adquiridas durante su travesía humana, procedentes de experiencias dolorosas, dañinas y traumáticas. El Despertar Espiritual, me dio la oportunidad de transformar esa energía, pues sólo cuando el corazón se ha sanado, Dios puede ocupar un lugar en él".
Pese a su rechazo inicial -en gran medida suscitada por la incomprensión de una sociedad todavía reticente a la muerte y a la continuación de la Vida después de la Vida- Vanessa asistió a una conferencia sobre duelo en Valencia. A partir de este momento, y acongojada por el dolor que percibió en las personas allí presentes -personas que habían sufrido la pérdida de un ser querido- decidió escribir El Abrazo del Oso, narrando de forma sencilla una ínfima parte de sus experiencias con el mundo invisible.
(Entrevista radiofónica "vida y muerte", con la participación de Vanessa Aguilar)
José Ignacio, Licenciado en CC. Económicas y Empresariales, trabajó en diferentes empresas, ocupando diferentes cargos financieros y de factoring. No obstante, tiempo después -interesado cada vez más en crecer y desarrollarse como persona-, decidió seguir el camino del corazón y ser un apoyo en la vida de todas aquellas personas que desearan mejorar su calidad de vida.
A partir de este momento, la formación y la experimentación se convirtieron en un pilar fundamental. Cursó EFT (Emotional Freedom Techniques, Técnicas de Liberación Emocional), Coaching Personal y Sistémico, Reiki, Técnica Metamórfica, PNL Transpersonal (Programación Neurolingüística), Eneagrama y Desarrollo Personal, entre otros.
Para José Ignacio, los seres humanos estamos en una época de transformación, de expansión de Conciencia, donde cualquier experiencia humana es una oportunidad para mirar hacia el alma y descubrir nuestra propia Luz:
"Los seres humanos estamos en una época de transformación, de expansión de conciencia, estamos mirando hacia adentro, hacia el ser esencial, alma, espíritu, cada uno es libre de llamarlo como quiera, lo importante es que estamos descubriendo nuestra propia luz aunque haya sombras. En la medida que nosotros seamos felices y nos amemos por el hecho de ser quien somos, lo vamos a proyectar a los demás y vamos a ver, a sentir y a escuchar una realidad diferente, un mundo distinto, puesto que cada uno creamos nuestra propia realidad según nuestro modelo mental...". José Ignacio Romá.
"Me llamo Ana Solanes. Soy enfermera. Desde los 3 años de edad supe que mi vocación era cuidar a los demás. De niña, y de forma innata, ya sabía lo que significaba la palabra “muerte”. Durante toda mi vida me ha interesado el tema y, sobretodo, el cuidado a los moribundos. Por esta razón, mi formación académica siempre se encaminó hacia esta dirección.
A lo largo de mi vida, siempre me han acompañando experiencias extrasensoriales, intuiciones y sentimientos que me han corroborado que existe una continuidad después de la muerte física. Y, gracias a estas experiencias, también he descubierto que, hoy en día, la muerte sigue siendo un tabú. Así pues, uno de mis objetivos personales es aportar un granito de arena, sensibilizando a los demás para que comprendan y se preparen para la experiencia que, algún día, y sin distinción, nos vendrá a buscar a todos: la muerte.
Gracias a mi trayectoria profesional, hoy puedo afirmar que acompañar a moribundos en la última etapa de su enfermedad me ha brindado la oportunidad de aprender lecciones únicas, lecciones que no hubiera descubierto en ninguna otra experiencia humana. Sin duda, es una labor que debe tratarse con especial atención, pues requiere de mucha preparación técnica y personal: afrontar la muerte de otro ser humano es también afrontar la propia muerte. A fecha de hoy, sé que mi propósito en la vida es el tránsito: lograr que esta experiencia vital sea lo más natural, positiva y llevadera posible para el enfermo y para sus seres queridos. Un servicio al prójimo que también engloba a quienes desean acompañar a moribundos mediante el asesoramiento, la formación y el apoyo, de manera que sus experiencias de crecimiento personal para con los enfermos sean vividas con total normalidad, empatía y amor".
Almudena García es licenciada en Ciencias de la Información; especialidad periodismo. Al año de empezar la carrera experimentó "la partida hacia la luz", como ella siempre lo llama, de su hermano. Eligió esta carrera por su amor por la escritura y la comunicación en todas sus formas; aún así es muy crítica con la manipulación informativa en los medios de comunicación. Durante veinte años no se ha conformado con una mera existencia en un cuerpo orgánico. Y a día de hoy tiene claro que la vida y la muerte forman parte de algo muy grande.
Quiere que su labor en El Abrazo del Oso vaya especialmente dirigida a ayudar a los familiares de personas que murieron porque tomaron la decisión de suicidarse; así como escuchar a personas que están pasando por experiencias cercanas al suicidio.
"Soy plenamente consciente del trato social en general que se da a este tema. Los familiares que han experimentado la partida de un ser querido porque se han suicidado padecen un sentimiento de culpabilidad inmenso que les ahoga el alma; así como un sentimiento de vergüenza por temor a hablar de ello públicamente o a decir qué les pasó a sus familiares; de qué murieron. Lo he experimentado en mi propio ser y lo he visto reflejado en la mirada de otras personas que vivieron lo mismo que yo.
Al igual que yo; existen muchas personas que no han podido decir lo que sienten, que no han podido compartir su dolor con alguien que haya pasado por lo mismo. Seas madre, padre, hermano, hermana, amigo, amante, abuelo... y has padecido este dolor y no has podido compartirlo con alguien que le haya pasado lo mismo; cuenta conmigo para abrir tu corazón. Porque compartiendo tu dolor conmigo, te ayudaré a sanarte. Y a su vez, me ayudarás a sanarme a mi".
Luís Arcostuvo que aceptar y superar la pérdida de su hermano pequeño de veintitrés años de edad, muerto en un accidente de tráfico. A raíz del suceso, sintió la fragilidad de la existencia y buscó respuesta a las cuestiones esenciales de la Vida.
Como médico rural tuvo la suerte de conocer la "muerte natural" de los pacientes terminales a los que asistía en sus hogares, y la manera de aceptarla con total aceptación.
Ha colaborado en algunos Grupos de Duelo, así como en el Foro de afectados por el 11-M con un programa de acompañamiento que, junto con otras personas, se realizó en la localidad de Candedela, en la Sierra de Gredos.
Como médico naturista considera que el principal problema de nuestra sociedad, a la que considera enferma, es la negación de los procesos naturales y el alejamiento hacia la Naturaleza, de la que el ser humano es parte.
2. Nuestros principios:
-Ayudar, orientar y aminorar el sufrimiento en la enfermedad, en la muerte, en el período correspondiente al Duelo, ante la pérdida de seres queridos, y en procesos propios del Despertar Espiritual y Emergencia Espiritual, entendiendo estos conceptos como los procesos internos vinculados al incremento de la consciencia humana y asociados a la necesidad de hallar el sentido, la razón y el propósito existencialista de la Vida(de nuestras vidas). Todos los miembros de la Asociación han contribuido en el desarrollo de actividades y en la activación de recursos para vivir la experiencia de la enfermedad, del sufrimiento, de la muerte, del Duelo, del Despertar de Espiritual y de la Emergencia Espiritual como oportunidades de crecimiento personal y espiritual del ser humano.
-Desarrollar acciones sociales y educativas a través del voluntariado social con el propósito de mejorar la calidad de vida de las personas y sus posibilidades de desarrollo humano, social y espiritual. Consideramos que el voluntariado de la Asociación puede aportar, a través de una atención personal llena de afecto e interés, la ayuda que muchas personas necesitan para mantener y aumentar su calidad de vida y para evitar que caigan en situaciones de riesgo.
-Asimismo, contribuimos a favor de la erradicación de la pobreza en el mundo. La Asociacióncolabora directamente con el Proyecto Chazon Africa en Kenia (www.chazonafrica.org).
Esta asociación se fundamenta en el amor y en la confianza hacia la vida y en el servicio hacia el prójimo.
Servir consiste en ser instrumento de ayuda en el camino de otras personas, de tal forma que, a través de la ayuda prestada, otros seres humanos logren alcanzar los propósitos que la vida les ha encomendado. Servir implica también llevar a cabo el propio cometido en la vida, con la humildad de prestarse a ser ayudado por otras personas.
Confiar en la vida implica vivir en comunión con sus intereses, más allá de cuáles sean las propias expectativas y deseos personales.
"Todos los seres humanos estamos unidos por la vida. Por lo tanto: tu sufrimiento es el mío; tu felicidad es la mía; tus voces son mis voces; tus experiencias son mis aprendizajes; tu amor es motivo del mío. No somos seres separados, somos gotas individuales hijas de un mismo océano. ¡Todos los seres, todas las almas, formamos Uno!".
3. El abrazo y el oso: una denominación causal
El abrazo:
El Abrazo del Oso fue la denominación escogida por todos los componentes de la organización con el propósito de transmitir todo nuestro afecto -un abrazo como sencillo ademán humano de rodear y cobijar con los brazos el cuerpo de otros seres humanos- a tres grupos depersonas:
1. A todas aquellas personas que, carentes de confianza en sí mismas, sufren en silencio un Despertar o Emergencia Espiritual y erróneamente consideran que su sensibilidad, su innata telepatía, sus incesantes alteraciones de consciencia, su capacidad para intuir, percibir y descodificar la energía de otras personas (emociones, sensaciones, pensamientos, enfermedades, etc.), su condición de videntes (percepciones extrasensoriales sobre el mundo invisible, energético o etéreo) son producto de algún tipo de trastorno mental.
2. A todas aquellas personas que han perdido a un ser querido y experimentan la etapa correspondiente al Duelo.
3. A todas las que afrontan una enfermedad y/o el último tramo de sus vidas, la etapa de tránsito que precede a otra forma de Vida.
El oso:
Todos los procesos que emergen desde el sufrimiento, suscitan la introspección interior, la búsqueda del auténtico sentido de la vida de la persona que los padecen. En otras palabras, el sufrimiento es una forma de hallar el propósito por el cual un individuo ha encarnado como alma en la Tierra.
Cualquier proceso doloroso requiere de la voluntad de los individuos implícitos en ellos para emprender el camino interior, a fin de prepararse desde dentro para desenvolverse, posteriormente, en el mundo exterior.
Todo proceso también representa la hibernación, la escucha de las emociones y del subconsciente del individuo que lo experimenta. Una introspección con la que alcanzar la purificación, la renovación de la propia personalidad. Una transformación de la personalidad dirigida a ampliar su grado de consciencia, sus valores, la visión que posee del mundo y de la realidad. En definitivas cuentas, todos los acontecimientos dolorosos albergan una finalidad: la propia evolución espiritual.
Una vez hubimos escogido el nombre de la Asociación,y no casualmente, uno de nuestros compañeros, José Ignacio Romá, encontró un artículo sobre simbología de animales. Curiosamente, el oso representa la introspección y el hallazgo del sentido de la vida del ser humano. Además, este bello animal también representa la fuerza de voluntad, una herramienta con la cual emprender el camino interior y prepararse desde dentro para desenvolverse en el mundo exterior. El oso también simboliza el renacimiento tras la hibernación, así como la purificación y la renovación. Es decir: las fases por las que un individuo adquirirá una nueva personalidad más acorde con su nuevo nivel de consciencia. Por último, El Oso Panda simboliza al otoño, donde reina el elemento “Acqua” (agua). El agua es nuestro primer pilar en la vida, ya que vivimos en el agua dentro del útero materno. No obstante, el agua también es nuestra base existencial, así como es el símbolo de los riñones. Gracias a los riñones nacemos y morimos. El proceso de muerte o transformación es una de las labores primordiales de nuestra Asociación.
4. Sobre la Vida y la Muerte:
El milagro de la Vida no concibe la muerte como una extinción de sí misma. Muy contrariamente, es el paso de una forma de vida hacia otra; el despojo de nuestro cuerpo físico para dar la bienvenida a nuestro cuerpo etéreo. Siempre que se cierra el ciclo de una forma de existencia, se inicia otro. Por consiguiente: siempre que concluimos nuestra misión en un tramo de la Vida,partimos hacia otro.
El milagro de la Vida reside en experimentar a Dios (o Amor), en sus múltiples expresiones y dimensiones.
El milagro de la Vida no radica en un castigo. Amor no conoce la moral. Él únicamente reconoce las experiencias como una oportunidad de evolución, de perfeccionamiento espiritual.
Nunca morimos.
Increíblemente, la Vida es un camino de experiencias eternas en parajes transitorios y diversos. Para la eterna andadura de nuestra alma, la Vida en la Tierra sólo es un paraje más. El objetivo final de nuestras experiencias se resume en evolucionar y perfeccionarnos espiritualmente y, habiendo reconocido cada una de nuestras experiencias en torno a Él, regresar a Amor: El Espíritu Único. Más allá de donde realicemos cada una de estas experiencias, seguimos caminando. Por lo tanto,lo real no es sumar años sino vivir plenamente las experiencias que vivamos, en el lugar que hayamos elegido experimentarlas.
El alma es el puente de conexión con Dios. Dios es el Espíritu. No debemos confundir alma con espíritu. El alma es el almacén donde se acumulan todas nuestras experiencias espirituales. Así mismo, el alma también representa a todas las expresiones y manifestaciones que adopta El Espíritu (que es Dios), que hace posible que cada ser humano tenga identidad y características propias. Somos almas espirituales diferentes y únicas. Somos almas de Dios. Somos una expresión de su espíritu. Somos su espíritu. Llegado el momento, cuando como almas nos hemos fusionado con el Espíritu, regresamos a Él para vivir eternamente a su lado.
El sentido de la Vida se basa en sentirla intensamente: sin pensarla en exceso, sin negarnos a vivir las experiencias que hemos venido a experimentar, desde la sencillez más extrema.
No importa cuántas vidas tardemos en aprender las lecciones que nos han sido asignadas y hemos elegido experimentar, con el bello fin de perfeccionarnos. Lo verdaderamente importante es caer y levantarse: somos seres humanos imperfectos y debemos ser indulgentes con nuestras experiencias.
La espiritualidad es amor. La espiritualidad es amar. Sencillo, ¿verdad?
La felicidad, como muchos otros han expuesto, consideramos se basa en apreciar las pequeñas grandes cosas de la Vida y tomar conciencia de quiénes somos: almas de un único Espíritu indescriptiblemente maravilloso. Por lo tanto, la esencia de toda vida ha de basarse en amar, llevar a cabo el propósito de Amor y procurar dañar lo menos posible a nuestros semejantes.
Por amor, todavía hoy, los seres humanos nos mostramos reticentes a abordar el sufrimiento, la enfermedad y la muerte como fases naturales de la Vida. En conflicto con la propia naturaleza existencial, evitamos mostrar el lado humano del sufrimiento. No obstante, no podemos aspirar a ser felices si evitamos ser naturales con estas etapas inherentes a nuestra condición humana.
A partir de estas premisas, cuando la enfermedad se manifiesta en el ser humano -separadamente del sufrimiento físico- aparece la adversidad: los enfermos se sienten inútiles, pesadas cargas para sus familiares. Contrariamente a la auténtica realidad, consideran no ser naturales, ya que ahora sufren. Incluso las personas próximas al enfermo, por temor a acrecentar la angustia, evitan manifestar su sufrimiento libremente. En ocasiones, hasta el punto de enfermar ellos también.
La meta más sublime de cualquier persona es amar. Sin embargo, el amor alberga todos los sentimientos humanos, sin distinción. Por lo tanto, es tan saludable reír como llorar. Dios creó las lágrimas para que pudiéramos liberarnos del sufrimiento. Entonces, ¿qué sentido tiene desconsiderar el llanto, la rabia o cualquier sentimiento ligado a la desazón? ¡Es un derecho expresarlos sin tapujos!
Finalmente, y como conclusión, toda adversidad,sea cual sea, siempre puede convertirse en un sentido, en una oportunidad para nuestras vidas. Ningún acontecimiento es fruto del azar o casualidad. Por increíble que parezca, cualquier vicisitud acarrea un aprendizaje, de vital importancia para nuestra trayectoria y evolución espiritual. Como seres humanos, nuestro principal cometido es experimentarla. Así pues, una enfermedad, la pérdida de un ser querido, etc., pueden ser oportunidades por las que lograr hallar el verdadero sentido de la Vida.
Con Amor,
El Abrazo del Oso